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viernes, 5 de marzo de 2010

Cuento - Sobre los orígenes del hombre

-Este es un nuevo proyecto en que estoy trabajando,
esto sería en crudo el inicio -

1.- Miró a su alrededor, la imagen le resultó difusa por un instante antes de tomar su verdadera forma. Los encontró tan inermes en medio de la hostilidad del ambiente que apenas pudo moverse. La capsula del día se abría entre las simientes del río, los pastizales todavía sentían las caricias del rocío que de a poco se iba disipando, al costado quien se conocía mas anciano fallecía. Sintió el peso de los años en su desgastado, macilento y grávido lomo, pensó esta primera vez en la sabiduría. Ciertamente él sabía algo, algo que quienes se encontraban a su alrededor, ¿Quién sabe por que? No conocían. Todos se encontraban sumergidos en alguna especie de bruma espesa que los asía hasta lo más profundo de lo onírico. Un ritual florecía junto al paganismo en esta mañana de desproporciones, frialdades, desaciertos y rapacería, cuando un estentóreo bramido le llama la atención.
Volvió a mirar a su alrededor, esta vez pudo ver algo mas, pudo verse a si mismo pero desde afuera, esta vez se siento mas cerca de ellos que de costumbre, como una parte de ellos, como un proceso inevitable, como quien se encuentra eternamente limitado por su condición natural y humana, por su necesidad, por su sed de venganza. Esta fue la primera vez que lo experimentó, Laúd había muerto en las garras del otarco y el recuerdo de sus garras lo mantenía estólido, esta vez también lo sintió por primera vez, ese demonio febril apoderándose de su organismo entero.


           2.- Taín, grupo de movimientos sonoros asignados a nuestro hombre, había perdido la fe en el grupo. La muerte de Laúd, quien los había guiado durante años, lo sometía a asumir una postura nueva frente al grupo, y como acostumbran ha hacer estos perecederos animales, sentía la mas profunda de las inseguridades acerca del devenir inmediato que les deparaba. Laúd había sido un estupendo hombre, un hombre robusto, de fuerza y voluntad, abnegado como ningún otro, el de mejor genética y por sobre todas las cosas un opresor de pies a cabeza. Si, un estupendo opresor, las gentes por esas épocas necesitaban solamente órdenes de quien mejor las daba, y por ellas se sentían agradecidos, pues de ellos probablemente nada mejor hubiera salido, en cierta medida podemos decir que eran “concientes” de ello.
  El tenía un trabajo sencillo dentro de la comuna, nombre que hoy en día podría adjudicársele a esta pequeña conglomeración de mamíferos. A pesar de la simplicidad del lenguaje que se empezaba a generar entre nuestros primates, la comunicación era muy buena. Aunque primitiva, esta lengua nombraba todas y cada una de las cosas conocidas y entendidas, o más bien, la simpleza de su pensamiento estaba reflejado en ese lenguaje que poco y nada designaba sobre los procesos que este mundo se desenvuelven, pero era lenguaje al fin, después de todo el lenguaje no debería tener mas límites que la sola y entera comprensión. A Taín se le encomendaba una pequeña tarea, se  limitaba a vigilar la zona de asentamiento cuando los machos grandes salían en busca de alimento, las  mujeres, aunque parezca raro, eran consideradas también importantes pues no siempre fue tan obvio como ahora y en ese momento que por ellas vive el genero humano. Esta infantil tarea le dejaba pasar horas frente a los pastos, mirando, admirando, pensando, mascullando ideas astronómicas que nadie se detenía a escuchar. El era un inventor nato, un revolucionario incomprendido entre una manada de osos pues no siempre las labores de la cabeza fueron premiadas con títulos y honores, estamos encerrados todavía en la era de la ferocidad irracional y el salvajismo disparatado, eran en ese entonces los hombres fuertes los que se llevaban las condecoraciones gastronómicas y los primeros en la repartición de mujeres.

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